LA GENERACIÓN CRÍTICA (1939-1969)
ÁNGEL RAMA
(30/04/1926 - 27/11/1983) (*)

 

En 1972, hace 50 años, la editorial Arca de Montevideo, dirigida y cofundada por Ángel Rama, publicó La generación crítica. El texto de Rama -investigador interdisciplinario, crítico, ensayista, periodista, editor, docente, antólogo, dramaturgo, narrador, miembro de esa misma generación– presenta una serie de ‘panoramas' sobre la cultura uruguaya de los años treinta a los sesenta, en los que alcanzan versiones definitivas tesis expuestas en artículos previos. A esta primera parte seguiría un segundo tomo con estudios monográficos, que finalmente no se concretó. Con el marco de una visión hispanoamericana, se compone de cinco ensayos que procuran mostrar el proceso intelectual en relación con la estructura sociopolítica en la que se inscribe y la evolución histórica del país en ese lapso. La obra incluye largas enumeraciones que presentan muy diversos actores y factores de esa interacción. El primero de los ensayos, que da nombre a la obra, tiene como antecedente más remoto el artículo Testimonio,  confesión y enjuiciamiento de 20 años de Historia literaria y de nueva literatura uruguaya (Semanario Marcha, julio/1959). La generación crítica estaría constituida por dos promociones cuya frontera se ubica aproximadamente en 1955. La razón de esa fecha es el comienzo de la crisis económica descrita por la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE). La primera promoción, en lo que a literatura concierne específicamente, se consolida en la década del cuarenta, con nombres como Clara Silva, Armonía Somers, Emir Rodríguez Monegal, Mario Benedetti, Idea Vilariño, Mario Arregui, Carlos Maggi, Antonio Larreta, Ida Vitale, etc. Se caracteriza por un sesgo primordialmente universalista, con foco en las letras europeas y norteamericanas. La segunda promoción -la de la crisis, encauzada más hacia lo nacional y latinoamericano- la integran, entre otros, Jorge Medina Vidal, Milton Schinca, Alberto Methol, Jorge Onetti, Marosa di Giorgio, Circe Maia y Eduardo Galeano. En la perspectiva de ambas promociones en su conjunto, a las figuras ya mencionadas debe agregarse la del economista Carlos Quijano (1900), fundador de la tribuna más importante de la Generación, el semanario Marcha, y director desde su primer número en 1939 hasta la clausura por la dictadura militar en 1974. El inicio en 1939 marca además la aparición de El Pozo, de J.C. Onetti, obra emblemática de aquel período. Rama no coincidía con la denominación de Generación del 45 utilizada por Rodríguez Monegal porque consideraba que en ese año no había ocurrido ningún suceso crucial y no correspondía a la fecha correcta de emergencia del movimiento. Tampoco adhería plenamente al término Generación de Marcha por ser algo restrictiva. Hubo sí consenso, con ligeras variantes, en cuanto al momento del nacimiento de la conciencia crítica: el golpe de Estado de Gabriel Terra del 31 de marzo de 1933 y más específicamente la restauración democrática de 1938, cuando se percibió que las estructuras anteriores que habían propiciado el quiebre institucional permanecían intactas. Se sumaron a ello, luego, e incidieron con fuerza la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. La conciencia crítica nacía de la desilusión, perdida ya la inocencia de la mirada, al enfrentarse a una cruda realidad que los intelectuales supieron reconocer como fin de una etapa. La misma representará un signo cultural dominante de esa época y no estará limitada a una sola orientación. Según Rama, este proceso se asentó sobre las clases medias urbanas que contaban con un nivel educativo adecuado para promover y enfrentar los cambios. A su entender, antes de 1955 ese desarrollo cultural surgió del impulso que el Estado otorgó a la instrucción masiva a través de distintas instituciones: Sodre, Comedia Nacional, Facultad de Humanidades y Ciencias, IPA, bibliotecas liceales y municipales, etc. Una vez instalada la crisis, señala el autor, ese esfuerzo educativo de la esfera oficial se redujo, acrecentándose el de organismos y manifestaciones independientes de lo estatal, a través del teatro, cine, publicaciones, editoriales, etc. El término del ciclo, 1969, remite al segundo aniversario de la muerte del Che Guevara, simbolizado por la guerrilla tupamara con la toma de la ciudad de Pando. Cabe observar entonces que ese límite surge de un suceso muy reciente al momento del lanzamiento del libro. Como era de esperar, esta publicación generó diálogos con planteos de otros intelectuales, por ejemplo, El impulso y su freno (1964) de Carlos Real de Azúa y Literatura uruguaya del medio siglo (1966) de Rodríguez Monegal. Otros títulos fundamentales de la trayectoria de Rama continuarían el desarrollo de su pensamiento: Transculturación narrativa en América Latina (1982), La ciudad letrada (1984), por citar solo dos.

 

EW

(*) FUENTES CONSULTADAS

Antúnez, R. (2005). Ángel Rama y la Generación Crítica. Revista Iberoamericana Vol. LXXI, N° 211, pp. 373-379.

De Sierra, C. (1996). El ensayo en la historia cultural del Uruguay: Ángel Rama. Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien. N° 66, pp. 63-73.

Ruffinelli, J. (14/07/1972). Los avatares de una cultura. Semanario Marcha N° 1601, pág.31.

Blanco Blanco, E. (2007). La creación de un imaginario: la Generación Literaria del 45 en Uruguay. Montevideo. Ediciones del Caballo Perdido.

 

 

Lunes 19 de Diciembre de 2022
Ministerio de Educación y Cultura